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Ponemos el disco en la bandeja, pulsamos play y...flores de colores.
El equipo insiste en que no hay disco, o que éste es defectuoso.
Sabemos que el disco está bien, porque es leido por otros equipos.
La mitad de las veces, -si no más-, la causa se debe a acumulación de polvo sobre la lente que gobierna la óptica laser. El haz laser que lee el disco es tan fino, que una mota de polvo es una montaña que se interpone y hace imposible la lectura y el reconocimiento del CD.
La única dificultad es acceder a la lente para limpiarla. La limpieza en sí es trivial.
Hay equipos en donde basta abrir la portezuela para acceder a la óptica. Es el caso de los equipos portátiles, el típico RCD de "asa". Otros equipos como los de sobremesa guardan un poco más celosamente la óptica, pero aún siguen siendo accesibles. Sólo hay que quitar la cubierta o tapa superior, normalmente sujeta por algún tornillo lateral y posterior.
Hay que buscar el engranaje que acciona el carro de la óptica para posicionarla a nuestro alcance. No os preocupeis, no se va a romper nada al mover ese engranaje. Al encender el equipo, sus memorias internas darán la orden oportuna para reposicionar la mecánica y todo volverá a su sitio.
Una vez la óptica a nuestro alcance, con un bastoncito impregnado en alcohol etílico (del botiquín) haremos la limpieza sobre la lente, dejamos un minuto para que se evapore el alcohol y probamos el equipo.
En un 50% de veces -o más-, la operación tendrá éxito.
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